lunes, 26 de octubre de 2009

Salir de madrugada


Hola^^, no hace mucho que subí el último pero este esta recién rescatado de un cuaderno de finales del curso pasado... Lo comencé a escribir por principios de abril y al verlo hoy me a hecho esbozar una gran sonrisa, a mi parecer, motivo más que suficiente para exponerlo aquí=P. Espero queos guste y como siempre, gracias por leerlo.^^


Sentí como mi cuerpo comenzaba a vencerse por el sueño y justo antes de caer rendida, lo hice. Separé parte de mi misma concediéndole una nueva apariencia. Ágilmente bajé de la cama y me observé dormida, es tan extraño poder verse a uno mismo desde el exterior...

Caminé por la habitación hasta llegar a la puerta, pero no pude evitar sentir curiosidad sobre mi nuevo aspecto, por lo que reparé en el espejo. Frente a mi se encontraba un gato de color marrón oscuro, con rayas de uno mas claro. Reflejados, me observaban unos inmensos ojos de gato. Cuando terminé de admirar mi recién adquirido cuerpo, proseguí mi camino hacia la escalera. Mi nueva forma era perfecta para la discreción y la rapidez, por lo tanto, en unos segundos me encontré fuera de la casa, admirando el jardín nocturno desde la copa de un pequeño árbol.

Caminé por el lugar, disfrutando de la luna y la noche. Hasta que llegado un momento decidí salir de allí. Merodee varias horas por la los alrededores, descubriéndolos en la oscuridad. Pero al pasar frente a una casa, hubo algo en su interior que que me hizo reparar en ella y verla de distinta forma. No sabía el qué, pero tenía algo. Caminé hacia ella, hacia una de sus ventanas superiores mas concretamente. Me senté en el alféizar de la misma y observé el interior. Tumbado sobre la cama había un chaval de unos 17-18 años, dormía plácidamente, tenía un rostro lindo y su pelo rubio se movía con el viento que entraba por la ventana. Me quedé observándole dormir largo rato, hasta que oí un ruido tras de mí.

Giré la cabeza y allí estaba, como salido de la nada un gatito completamente inverso a mi. Me miró con sus grandes ojos azules y simplemente esbozó una traviesa sonrisa...

domingo, 4 de octubre de 2009

Buenos dias princesa




Hola =) hace mucho que no me pasaba por aquí.. pero la verdad es que no he tenido mucho tiempo para escribir. Este texto lo he "terminado" hace poco y no se.. tiene algo que me gusta. Así pues, lo he decidido poner aquí. Espero que os guste y gracias por leerlos=)

Un sonido, una imagen, un color, una canción... Todo aparecía en mi mente de forma continua.
Mis párpados se separaron lentamente de mis ojos, y todo volvió a mí, la luz, la brisa, aquella melodía... Poco a poco fui tomando conciencia de lo que había a mi alrededor, sentí tus brazos rodeándome por la espalda, y al levantar la mirada, me encontré diréctamente con unos ojos azules que me miraban abiertamente. Sentía el suave roce de las sabanas en mi piel, al mismo tiempo que tu cuerpo pegado al mio me reconfortaba con su calor. Cerré los ojos y me concentré en ti, en la situación, en tu abrazo, en tu mirada, en la noche a tu lado...

Todo parecía tan real, que rozaba los sueños. Me giré y me acerqué mucho a ti, rodee tu cintura con mis brazos y encerré mi cara en tu pecho. Tu mano recorría mi cuerpo por la espalda, y acariciando mis cabellos dulcemente. Sentí el pasar de las horas, aunque en mi mente el tiempo no parecía correr. Nada parecía moverse en la habitación, como si no quisiesen estropear aquel momento, en mi cabeza solo se oía el tenue sonido de tu respiración y sentía en mi interior el bombear de tu sangre como si fuese mía, me sentía unida a ti.

Sin darme cuenta volví a dormirme sobre tu pecho y cuando desperté, no te sentí a mi lado. Me incorporé y te busqué a ambos lados de la cama, sin hallarte en ninguno. Me senté en la cama y me froté los ojos para verlo todo con claridad. Entonces te vi, sentado en la esquina opuesta de la habitación mirando por la ventana como caían las gotas de lluvia rebotando contra el frío cristal. Me levanté y cogiendo mi blusa, me situé justo detrás de ti. Te giraste sonriente. Y susurrastes en mi oido,

Buenos dias Princesa...

miércoles, 15 de julio de 2009

Parte de mi


Hace algún tiempo que no subo nada, ahora mismo estoy de vacaciones en la playa, y he encontrado un rato para terminarlo de escribir y un lugar donde apropiarme de Internet para subirlo aquí ;) Espero que os guste y como siempre, gracias por leerlo..=)



Cuando la noche invadió mi habitación, envolviéndola de oscuridad, volví a recordarte.Me sentía sola, perdida entre esas sabanas que extrañaban tu presencia. Cerré los ojos y me enterré entre ellas, cada esquina, cada reflejo, cada roce, llevaba impregnado tu aroma. Me giré en la cama, buscando una postura en la que poder dormir, sin éxito, me incorporé y camine hacia la ventana con pasos silenciosos. Al llegar a ella, acerqué una silla y me senté al tiempo que reposaba mi cabeza sobre el alféizar de la ventana, quedando en mi campo de visión únicamente las estrellas.Las miré largo rato, observándolas poco a poco, en todo su resplandor de la noche.Pero no había una, que no me recordase a ti. En mi pecho comencé a sentir un sentimiento nuevo hasta entonces, nostalgia. Te echaba de menos, no podía negarlo, te necesitaba tanto.No se en que momento de mi vida comenzaste a ser tan primordial, solo se, que lo eres. Ese sentimiento era extraño, no era alegre, pero tampoco triste...Pensando en ello quedé en silencio junto a la ventana, preguntándome porque me encontraría allí tan lejos de ti. Lentamente y sin que apenas me diese cuenta de ello, mis párpados se cerraron dando paso a un sueño ligero y haciéndome olvidar todas mis preocupaciones.En el aparecías tu, a mi lado. Sin necesidad de mirar a las estrellas para saber q sigues vivo y que te acuerdas de mi. En el sueño, tu me mirabas y sonreías como antaño. En el sueño, todo era exactamente como recordaba antes de mi partida. Pero como todo sueño, acabó. El sol comenzó a aparecer a lo lejos en el horizonte, y su luz me hizo abrir los párpado y despertar. Una lágrima rodaba por mi mejilla, que rápidamente fue sustituida por una tenue sonrisa. Tu no estas aquí, pero cada vez que cierro los ojos, te veo. Cada vez que hablo, te escucho. Cada vez que noto un escalofrío recorriendo mi espalda, recuerdo tus abrazos. Se que estas lejos, pero yo, aun te siento parte de mi.

martes, 2 de junio de 2009

Solo existias Tu



Este es un pequeño relato que escribí hará un mes o así, pero que hoy mientras descansaba de estudiar he encontrado por mi ordenador y me a gustado volver a leerlo, así que decidí ponerlo aquí.. =)



El agua resbalaba por mi rostro, deteniéndose en mis pestañas…
El aire frío recorría mi cuerpo por dentro, y mi pelo ondeaba suavemente al viento.
Sentía el calor de tu mano en mi cintura y tu rostro muy cerca del mío, sentí el suave roce de tus dedos, descendiendo desde mis ojos hasta mis labios. Desplegando mis párpados pude verte, el agua también recorría tu rostro y tu pelo caía irregular por tu frente. Mis ojos repararon en la sonrisa que abría tus labios, en las gotas de agua que adornaban tus pestañas y finalmente en esos ojos azules que me miraban directamente a mí, a mis ojos.

Mi boca creó una pequeña sonrisa y poco a poco deslicé mi dedo por tu rostro, acariciando cada centímetro de piel de tu cara y deteniéndome en tus labios. Coloqué mi mano en tu hombro y sin dejar de mirarte acerqué mi cuerpo contra ti. Comencé a sentir tu calor haciendo efecto en mi cuerpo, el frío ya no recorría mi interior. Bajé la mirada hacia el suelo y tú, delicadamente me la levantaste colocando tu mano en mi barbilla. Me sorprendí mirándote a los ojos de una manera distinta, las palabras luchaban por salir de mi boca, pero ninguna conseguía encontrar el lugar adecuado. Entonces lentamente acercaste tu rostro al mío y cerrando los ojos, juntamos nuestros labios en un tímido beso. Poco a poco se fue perdiendo la timidez, y el tiempo pareció detenerse en el instante en que, mientras te miraba a los ojos, nos besamos bajo aquella lluvia.

El viento y el frío parecían haber desaparecido, en ese instante para mí, solo existías tú.

viernes, 15 de mayo de 2009

Recuerdame

De febrero a mayo ha pasado algo de tiempo ya, pero no he conseguido escribir nada que me guste hasta ahora, este es bastante corto, pero me gusto lo suficiente como para exponerlo.
Ya iré subiendo más, muchas gracias a los que seguís leyendo lo que escribo. =)

Era una noche oscura, la luna se hallaba cubierta por un pequeño manto de nubes, y la calle era débilmente iluminada por las pocas estrellas que aun estaban sin cubrir. El aire azotaba mi rostro y hacia ondear mi pelo, mi vestimenta era completamente negra y se me confundía con la oscuridad de la noche.
Me encontraba apoyado en un árbol, mirando fijamente la ventana de tu casa. Las horas fueron pasando y yo seguí allí, sin moverme, sin decir nada. Finalmente me separé del árbol y cogí lo único que llevaba conmigo, una pequeña bolsa de color negro. Caminé hacia la puerta de la casa, las manos me temblaban cuando cogí la llave entre mis dedos y volví a introducirla en la cerradura después de tantos meses. Lentamente deslicé la puerta para abrirla, y sin hacer el menor ruido pasé al interior, cerrando la puerta tras de mí. Deposité la bolsa a mis pies y miré a mi alrededor, nada parecía haber cambiado, caminé hacia la pared opuesta a la que me encontraba y admiré las pinturas que allí había. Pude reconocer todas aquellas que pintaste junto a mí.
Sin hacer ruido fui andando por la habitación observando cada detalle. Me acerqué a la que antes había sido nuestra cama y que ahora solo te pertenecía a ti. Miré tu rostro y dulcemente deslicé mi mano por tu mejilla, te encontrabas tan bella esta noche. Sin poder evitarlo rodaron un par de lágrimas por mis mejillas hasta llegar a caer en tu pecho, dejando la marca en tu fino camisón de verano. Me tumbé a tu lado y conseguí por un instante recordar aquel tiempo en el que era así todas las noches, y poco a poco deje de sentirme tan solo. No conseguí dormir, simplemente deje que pasasen las horas mientras te observaba junto a mí. Tu parecías no notar mi presencia a tu lado, pero durante unos minutos agarraste mi mano como solías hacer entonces, sin despertar ni decir nada.
Cuando el sol comenzaba a aparecer por la ventana me levanté y cuidadosamente deposité uno de mis besos en tu frente, tu te moviste en la cama sin despertar. Me acerqué a mi mochila y saqué de ella una carta dentro de un sobre blanco, junto a una rosa azul. Las deposité sobre tu mesilla, al lado de una foto que aun sigue ahí, en la que aparecemos los dos muy cerca, mirándonos a los ojos. Caminé despacio hasta la salida y recogiendo mi bolsa salí al exterior, el frío aire de la mañana me sorprendió y mientras cerraba la puerta le eché un último vistazo a lo que antaño, fue mi hogar...
Caminé presuroso al mismo lugar en el que esperé antes de entrar la noche anterior, hasta que te vi levantarte y caminar hacia la cocina, cuando volviste pude ver como tus ojos reparaban en la flor y la carta. Miraste rápidamente a tu alrededor y al no ver nada te agachaste a cogerlas y una vez colocada la flor en un recipiente adecuado, te sentaste en la cama i miraste el sobre. Sobre el que se podían leer en letras grandes y azules: POR SI AUN CREES QUE FUE UN SUEÑO.
Al leer esas palabras recordaste fugazmente cosas que parecían ser un sueño de la noche. Abriste extrañada el sobre y cogiste cuidadosamente la carta que se hallaba en su interior, en ella estaba escrito todo lo anterior, no entendías pomo podía haber sabido lo que iba a ocurrir, y ocurrió. Solo decir que quizás no esté tan lejos como crees. Noté que habías llegado a ese punto, porque rápidamente miraste por la ventana, el tiempo suficiente para verme mirándote y esbozando una pequeña sonrisa, justo antes de que me marchase de allí como si no hubiese pisado nunca ese lugar. Miraste en vano por los alrededores y al no ver nada volviste a la lectura. Solo te quedaba un último párrafo en el que ponía: Y en estas últimas lineas solo te diré lo mucho que te hecho de menos cada noche, y que realmente siento haberme marchado, pero ya no había nada que hacer. Escribí todo esto porque quería que ocurriese exactamente así, justo como lo soñé, y pedirte que nunca dejes de soñar porque hay veces, que los sueño se pueden cumplir.
Cerraste la carta y la volviste a introducir en el sobre, mientras una de tus lágrimas caía sobre el, dejando en el papel la marca de tu llanto, no era un llanto triste, esas lágrimas denotaban la alegría de haber vuelto a sentir lo que creías muerto. Te vestiste rápidamente y sin dudarlo un instante saliste en mi busca, mientras yo, intentaba encontrarte a ti.

martes, 24 de febrero de 2009

Una Rosa Roja




Bueno, he tardado algo de tiempo en subir esta entrada debido a que no sabía como terminarla. Espero que les guste, y gracias a todos los que lo leen. Espero no tardar mucho en subir otra historia.

Cuando conseguí entreabrir los ojos, quede deslumbrada por una luz cegadora y tuve que volver a cerrarlos, giré la cara y espere a que poco a poco se fuesen acostumbrando a la luz que entraba por la ventana y alumbraba la habitación. Sentía la suave brisa de la mañana en mi rostro y mis ojos se encontraron con una rosa roja, que estaba bajo mi ventana meciéndose al viento, llevaba ya allí algo mas de un año, claro que, no era la misma rosa, si no una nueva cada semana. Incorporé mi cuerpo hasta hallarme sentada en la cama observando la ventana, mi pelo se movía ondulada mente, al igual que la rosa. Lentamente alargué uno de mis dedos hacia ella, cerré los ojos y la toqué, en mi mente solo apareció una cosa, que cada semana aquella rosa estuviese bajo mi ventana exactamente igual que hoy…
El porque de aquel deseo, es una historia complicada de narrar, pero aun así esta escrita en mi mente, y solo necesito algo que la motive a salir, y a desarrollarse sobre esta hoja.
La historia puede comenzar un día de otoño de ara un año…
Aquella tarde salí a la calle para encontrarme con unas amigas en la cafetería, y charlar de nuestras cosas. Me había puesto realmente guapa aquella tarde, llevaba un conjunto de una falda acompañada de una camiseta y una chaqueta vaquera. Me había peinado con gracia aquel día, era uno de esos días en los que me sentía especial por el simple hecho de ser yo misma. Caminé sonriente hacia la cafetería, cuando llegué, una de mis amigas ya estaba allí, la saludé alegremente dándole un abrazo, hacia muchísimo que no la veía. Al poco rato llegaron las otras dos chicas y nos sentamos a tomarnos un chocolate caliente mientras nos poníamos al día de todo lo ocurrido desde que no nos veíamos. Aquella tarde me relajé, nos contamos todo, y nos reímos como nunca. Aquella tarde volvimos a ser unas niñas y disfrutamos de ello.
Pero como todo lo bueno, aquella tarde también llegó a su fin. Nos despedimos cariñosamente, prometiendo volver a quedar la semana próxima. Estaba atardeciendo cuando salimos de la cafetería y nos dispusimos a caminar cada una a su casa, y yo no pude resistirme a desviarme un poco de mi camino para observa la puesta de sol desde mi lugar preferido del parque. Caminé lentamente pensando en mi misma y en mis amigas, llegué a un banco un poco apartado de la parte central del parque y me senté.
Cerré un momento los ojos, y comencé a escuchar a mi alrededor, solo se oían el ruido de las hojas al caer meciéndose al viento y algún que otro batir de alas de pájaros.
Cuando los abrí el sol se ocultaba ya casi entero, dediqué toda mi atención a él. Llegó un momento en el que ya no se le veía, pero aun se percibía su luz. En ese momento volví a cerrar los ojos y me dediqué a relajarme y a concentrarme en sentir el viento en mi rostro, sin ninguna otra preocupación. Cuando me sentí lo suficientemente relajada los abrí y lentamente me levanté, pero al darme la vuelta vi a un chico detrás de mi, apoyado en el banco en el que me encontraba. Di un salto, el chico había llegado tan silenciosamente que yo no lo había notado.
-¿Cuanto tiempo llevas hay? –pregunté asombrada.
-El suficiente para saber que te gusta mucho este sitio –contestó mirándome directamente a los ojos.
Yo me ruboricé ante su respuesta, pero inmediatamente volví a adoptar la expresión de alguien que ha sido sorprendido cuando mejor se encontraba.
-¿Por qué as venido aquí? –contraataqué yo.
-Suelo venir por aquí a ver el atardecer casi todas las tardes.
-Yo también y nunca te había visto.
-Eso es porque no quería que me vieses.
Ante eso no supe que contestar, me ruboricé aun más y diciendo unas pocas palabras di la vuelta y me fui rápidamente a mi casa.
Al llegar, me note a mi misma feliz y nerviosa y aunque no lo quisiese admitir, en el fondo de mi me arrepentía de haberme ido sin saber quien era ese chico. Pero al menos ya tenía una anécdota no muy corriente para contar a mis amigas. Aquella noche me acosté temprano tras cenar muy poco.
Aun así me sorprendí levantándome a las 6 de la mañana, vistiéndome rápidamente, cogiendo una manzana y corriendo hacia el mismo lugar de ayer. Llegué y me senté en el mismo sitio del día anterior, aun era de noche, por lo que cerré los ojos y me llevé la manzana a los labios, esperando a que apareciese el sol ante mis ojos. Al cabo de unos segundos sentí una presencia a mi lado, sonreí, pero no abrí los ojos, el se quedo quieto sentado a mi lado. Cuando sentí el brillo del sol bajo mis párpado los abrí para observar aquel amanecer, no desvié la mirada hacia el chico ninguna vez, sabía que estaba allí únicamente por que le sentía cerca. Mientras el sol ascendía al cielo lentamente sentí como el chico se acercaba un poco más a mí, pero sin llegar a tocarme. Estuvimos así bastante tiempo hasta que el sol se encontraba ya alto en el cielo, en aquel momento yo me levante y dedicándole una sonrisa al chico me marché caminando hacia mi casa de nuevo.
Cuando llegué lo primero que se me ocurrió fue ir a ducharme, ponerme el vestido mas especial que tenía, unas botas altas, una chaqueta y salir a la calle.
Nada mas salir sentí el aire en mi rostro, de un salto bajé los tres peldaños delanteros de mi casa y con una enorme sonrisa pintada en mi rostro me encamine a dar una vuelta hacia donde me llevasen mis pies, por un momento pensé en dirigirme al parque pero descarté esa idea, ese lugar era solo para momentos especiales, así que me encamine hacia otro lugar. Pasé por enfrente de un puesto de helados, y no pude resistirme a comprar uno pero al ir a pagar descubrí que no tenia dinero, cuando salí de casa con las prisas lo había olvidado. Me di la vuelta resignada cuando de repente oí una voz.
-Ponle ese helado a la chica, yo la invito – dijo una voz dulce.
Me dí la vuelta sorprendida y no pude evitar esbozar una tímida sonrisa al comprobar que el chico que me miraba de pie frente al puesto de los helados no era otro sino el chico del parque. Me acerqué a recoger el helado, y me quede de pie frente al chico muy cerca suyo, le dediqué la sonrisa mas radiante.
-Gracias – le dije manteniendo la sonrisa.
-No hay de que – respondió el mirándome fijamente a los ojos.
Nos alejamos caminando el uno al lado del otro en silencio, hasta llegar a una especie de lago que había en el centro del parque, nos sentamos en el césped que lo rodeaba.
Nos sentamos juntos y seguimos en silencio hasta que yo terminé el helado.
-¿Cómo te llamas? –pregunté muy bajito, como temiendo romper ese silencio que nos envolvía.
Él giró la cabeza para mirarme y yo pude descubrir que sus ojos eran de un verde intenso y que su mirada parecía brillar con luz propia, noté como me ruborizaba ante sus ojos. Él también pareció notarlo, porque esbozó una sonrisa.
-Realmente, ¿Qué importancia tienen nuestros nombres ahora? – respondió él.
Ante eso no tenía respuesta, abrí la boca como intentando decir algo pero se quedo en el intento. Volví a cerrarla y bajé la mirada confundida. Cuando oí un ruidito que salía de él, levanté nuevamente la cabeza y pude ver que sonreía felizmente, yo no puede evitar reír con él.
-Tienen la importancia que tu quieras darle – dijo acompañando sus palabras con un guiño –Mi nombre es Christian y ¿el tuyo?
-Yo… me llamo Emma –contesté yo.
Nos miramos largo rato, fijándonos bien en los detalles del otro. Yo, aparte de los ojos, descubrí que poseía una sonrisa increíble, que su pelo era brillante de un color entre rubio y castaño en el que se reflejaba el sol de otoño y que sus rasgos eran especiales, no tenía una cara especialmente bella, pero la combinación de sus rasgos le hacían especial, distinto e indudablemente único.
El tiempo fue pasando y sin saber exactamente el motivo un poco antes de atardecer nos levantamos y nos fuimos caminando despacio hacia nuestro lugar. Yo le llamaba ya así, porque cada vez que lo miraba sentía que ese lugar era nuestro, de los dos…
Esta vez nos sentamos juntos, mas cerca que la vez anterior, pero si llegar a tocarnos.
Cuando el sol esparcía por el cielo sus últimos rayos, él cogió mi mano entre sus dedos. Yo sentí como un escalofrío recorría mi cuerpo y lentamente giré la cabeza para verle, él no me miraba, miraba hacia la puesta de sol pero pude ver un intento de sonrisa asomando en sus labios. Allí sentados estuvimos en silencio observando el paisaje como tantas otras tardes, solo que esta vez era distinto, esta vez estábamos los dos, sentados, cogidos de la mano, sintiéndonos el uno al otro. Al llegar la noche oscura nos levantamos y sin ni siquiera decir adiós nos marchamos, nos despedimos con la mirada. No sabía como ni donde, pero estaba segura de que al día siguiente le volvería a ver.
Caminé lentamente hacia mi casa bajo la luna, estaba preciosa aunque aun quedaban dos días para que estuviese llena. Llegué y en vez de llamar por teléfono o ver el ordenador me senté en la repisa de mi ventana, el aire fresco de la noche mecía mi pelo, que ondeaba suavemente tras de mi, miré al cielo y vi miles de estrellas brillantes, cerré los ojos y durante unos segundos seguía viéndolas, pero de repente aparecieron ante mi sus ojos, sonreí, no sabía el porque pero no me extraño nada que aquello ocurriese. Al cabo de un rato comencé a tener frío, por lo q decidí entrar ya en la casa y cerrar la ventana, me di un baño lento y calentito, cené y me metí en la cama a descansar.
“PiiPiiPii...” Levante sobresaltada ante el insistente sonido del timbre, cogí la bata y las zapatillas y tal como estaba bajé corriendo las escaleras para ver quién era pero justo al poner el pié en el último escalón dejo de sonar y cuando llegué a la puerta y la abrí ya allí no había nadie, miré en todas direcciones esperando encontrarle antes de que se marchase, pero no hubo suerte y resignada fui a cerrar la puerta, pero al intentar hacerlo vi algo enfrente de ella, una rosa roja. Era preciosa, y con la luz de la mañana brillaba con luz propia, la cogí y la abracé contra mi pecho mientras sonreía felizmente, rápidamente me di la vuelta para entrar en casa y colocarla en mi cuarto, pero justo antes de cerrarla me pareció ver unos ojos que miraban tras los setos del jardín, unos ojos muy especiales… Subí corriendo a mi cuarto y deposité la rosa en un jarrón blanco lleno de agua, justo enfrente de la ventana. Cuando me percaté de que ya eran las 2 corrí a la ducha, me vestí, peine, y salí a comer fuera.
Comí sola, pero estaba feliz, me sentía especial y contenta de ser quien era, con mis cosas buenas y mis cosas malas…
Cuando terminé camine despacio sin tener un sitio al que ir, finalmente acabe en el lago de la otra tarde, pero allí no había nadie. Me dejé caer en la hierba suavemente y respiré el aire fresco de aquel lugar, oía el ruido de las hojas ondeando al viento y a los pájaros piando a mi alrededor. Cerré los ojos y dejé que el sueño me fuese venciendo poco a poco. Desperté un par de horas mas tarde, abrí los ojos y lo primero que vi fue un cielo azul sin ninguna nube, el sol caía tras de mi y proyectada en mi barriga pude ver una sombra. Incliné todo lo que pude mi cabeza hacia atrás, descubriendo así, unos ojos verdes que ya me estaban comenzando a ser familiares. Me incorporé y me giré hacia él, dedicándole una sonrisa inocente. Él se levantó y se sentó a mi lado, nos quedamos mirándonos fijamente y poco a poco, deslizando la mano sobre la hierba la coloqué sobre la suya, él cerró sus dedos entre los míos y me sonrió dulcemente. Permanecimos así hasta el atardecer que fuimos a nuestro lugar habitual, transcurrió en silencio con nuestras manos entrelazadas...
Así fueron transcurriendo las tardes sin prácticamente ninguna alteración, entre nosotros cada vez surgía una amistad mayor y comenzamos a hablar poco a poco y a ir conociéndonos. La mañana antes de que comenzasen de nuevo las clases vi al despertar, que la rosa se estaba muriendo. Me entró una gran tristeza, era un vínculo que me unía a Christian de una manera especial. Pero eso era algo que tarde o temprano llegaría, me vestí y bajé corriendo las escaleras con la idea de verle de nuevo. Cuando abrí la puerta una sonrisa surcó mis labios, en la alfombra había una nota blanca y sobre ella, una rosa roja. La cogí y busqué con la mirada a Christian, pero esta vez no le hallé por los alrededores. Subí a mi habitación y sustituí la rosa nueva por la que agonizaba, que cuidadosamente guardé en el interior de un libro, luego leí la nota. Era breve, “Siempre que tengas la rosa roja, te sentiré conmigo” PD: Prometo traerte una nueva cada semana.
Yo no sabía que decir, me sentí única, especial y enormemente afortunada. Me quedé un rato en silencio mirando la rosa, hasta que de repente recordé mi propósito de salir a la calle. Corrí de nuevo escaleras abajo hasta la puerta, que cerré tras de mí con un sonoro portazo y caminé hacia el parque. Por el camino, sentí como si alguien me observase y me quedé quieta con los ojos cerrados en mitad de aquel lugar repleto de árboles, aunque no podía verle ni oírle, sabía quien estaba hay. Sentía la brisa rozando mi pelo, el calor del sol acariciando mi rostro y el olor a arboles y naturaleza. Mantuve los ojos cerrados incluso cuando sentí su presencia frente a mí, conforme sentía que se acercaba, mi corazón palpitaba mas rápidamente. Cuando le sentí a tan solo cinco centímetros de mi, apreté mis manos para relajarme. Él no paso inadvertida esa acción porque entrelazó su mano con la mía, mientras con la otra acariciaba mi rostro. Dejé de sentir la brisa, el sol, los olores... En un impulso de valentía abrí los ojos, justo para ver su mirada verde intensa que me infundía tanta fascinación. En lo que a mí me pareció una vida, el se acercó aun más y finalmente juntó sus labios con los míos...
Por mi mente pasaron miles de cosas, nunca nadie me había hecho sentir así. Lentamente nos fuimos separando, mi primer impulso fue agachar la cabeza, pero el delicada mente me cogió de la barbilla y me miró fijamente a los ojos mientras esbozaba una tímida sonrisa. Me agarró con fuerza la mano y caminamos hasta nuestro banco, no era la hora de la puesta de sol, pero igualmente nos sentamos allí en silencio con las manos entrelazadas y mi cabeza ligeramente apoyada en su hombro. Dejamos que fuesen pasando las horas, y solo interrumpimos nuestro silencio para decidir donde ir a comer, tras lo cual volvimos al banco. Christian se sentó, y yo me tumbé con la cabeza en su regazo, dejamos volar el tiempo hasta la puesta de sol entre caricias y sonrisas.
Cuando llegó la esperada puesta de sol, nos sentamos el uno junto al otro y cuando el sol estaba en el momento mas bello, Christian se levantó y me invitó a que yo lo hiciese, rodeó mi cintura con sus brazos y despacio deposito sobre mis labios el beso más dulce que pueda darse a una chica. En ese mismo instante supe que ese momento se grabaría en mi memoria por siempre...
Ya bien entrada la noche, el me acompañó a mi casa, nos despedimos con una sonrisa, no hizo falta más para comprender que aunque surgiesen cosas y cambiase el día, volveríamos a encontrarnos al atardecer...